3 de septiembre de 2017

Hasta los huesos






"Deja de esperar que la vida sea fácil y esperar que alguien te salve. No todo tiene sentido. Pero eres fuerte. Si enfrentas los hechos difíciles, podrás tener una vida increible.·"


(To the bone)






Llevo tiempo queriendo escribir sobre esta película: "Hasta los huesos" (To the bone). Y la verdad es que no sé muy bien por qué no lo he hecho. 

Si soy sincera conmigo misma, creo que esta película ha hecho aflorar muchos sentimientos dentro de mí. Ha hecho que vengan recuerdos a mi mente y al mismo tiempo ha hecho que necesite recordar recuerdos que no sé muy bien dónde quedaron.

Esta película trata sobre la cruel vida de una joven con anorexia. Una joven que por momentos sentía que era yo.

Pasar por esta enfermedad, estar luchando contra ella y después ver esta película te hace ver cosas que lamentablemente has vivido y que algo impedía que viera. 

Dentro de mi cabeza hay un cúmulo de palabras que quieren salir, pero siento que están tan enredadas, que no hay nada coherente para escribir. Es un tema complicado.

Hay dolor, hay rabia, hay lastima, ira...hay miedo.

Quisiera coger ese manojo de palabras con mi mano, de sentimientos, de pensamientos, meterlas dentro de la pantalla y que de la nada, aparecieran lo que quiero plasmar.

Pasan los segundos, minutos y horas; nada consigue que salga de mí. 

Solo puedo limitarme a escribir una buena crítica de la película.

Después de estar años viviendo esta enfermedad, creo que plasma a la perfección lo difícil que es esta enfermedad. Que no es un capricho de niñas pequeñas. Que a cualquiera le puede afectar, no es una enfermedad de chicas. Es más, creo que las enfermedades no conocen los sexos, las razas, culturas, religiones... 
Hoy le ha tocado a esa persona, mañana le puede tocar aquella otra. Es lo único que sí conoce las enfermedades, porque afecta a las personas.
"Hasta los huesos" plasma la crueldad, la cara que nadie ve. La lucha contra un monstruo que se ha convertido en persona, la lucha contra ti misma. 
Cada persona es un mundo, no hay dos iguales y con la anorexia es igual. No todas las que tienen esta enfermedad son iguales, ni sienten ni piensan lo mismo. Cada persona con esta enfermedad es un mundo complicado, una lucha interna que se pelea en solitario.
Merece la pena verla e intentar sentirla.



by Kinki Pulguita

17 de julio de 2017

Por 13 razones








“A veces de noche, enciendo la luz para no ver mi propia oscuridad”

(Antonio Porchia)




Después de un tiempo sin escribir y no por falta de ganas, ahora sí que sí, lo necesito.

La verdad es que antes mis emociones y pensamientos iban y venían, me intentaba animar a escribir, pero ha sido un año de duro trabajo estudiando donde he olvidado algunas de mis aficiones como la de dedicarme un tiempo para escribir lo que siento o lo que pienso...

Ya finalizado el curso, quiero volver a retomar mi afición a escribir. Quizás esto haga que el rompecabezas que tengo dentro de mi cabeza se vaya montando y volver de nuevo por el buen camino.

De lo que necesito escribir ahora, es sobre la serie que se emitió en Netflix. Por 13 razones.
Una serie que sinceramente no esperaba que me dejase llorando recordando el dolor que sentí estando en el colegio.
Para quien no sepa de qué va esta serie, trata sobre el bullying que recibe día tras día una adolescente. Hasta que encuentra las razones por las que eso tiene que acabar.

Han pasado muchos años desde que yo dejé aquel colegio dónde todos y vuelvo a repetir TODOS han sido partícipes de mi sufrimiento diario.
Día tras día era el blanco de palizas psicológicas. Sí, psicológicas. Hay gente que opina que el bullying es solo cuando te pegan físicamente, cuando te dan palizas que te dejan medio muerto en el suelo…
El bullying abarca muchas cosas. Desprecios, burlas, golpes, insultos, rumores, palizas, acoso, risas a tu costa…incluso el silencio.
Cuando digo que todos han sido partícipes en ese sufrimiento, no digo que todos me hayan insultado, humillado o hecho lo que hicieron.
Yo los dividí en cuatro grupos:

1.   Los que “atacaban”
2.   Los que no atacaban, pero les reían todas las gracias a los atacantes.
3.   Los que no atacaban, no se reían, observaban, pero no decían nada ni hacían nada.
4.   Y por último y no menos importante. Los profesores que estaban al tanto de todo y no hacían NADA. Echaban la mirada a un lado y después te tachaban de loca.

Miedo, inseguridad, silencio, oscuridad, tristeza…

Fueron largos años de mucho sufrimiento, de llantos en soledad, de susurrar que todo acabase ya, en los que me encontraba sola junto a mi sombra.
Cada día me levantaba sin ganas de vivir, con ganas de acabar con todo, pedía una y otra vez que las palizas psicológicas acabasen y me pegasen físicamente, que me dieran palizas de verdad. Porque el dolor físico dura un instante, el dolor psicológico dura toda la vida…

Han pasado ya muchos años de esto, pero este año volví a retomar mis estudios y reconozco que el miedo volvió de tal forma que no quise darme a conocer.
Quería llegar allí donde iba a estudiar metida en mi coraza, envuelta mi muro y que nadie me tocara. Tenía tanto miedo, que durante un tiempo me ha costado mucho ver la realidad.
Una realidad asombrosa, brillante y lo más importante, llena de gente, personas a las que les daba igual mi pasado y solo querían conocer mi presente. He tenido la suerte de tener compañeras que me han tendido la mano, he tenido profesoras y profesores que me han ayudado en lo que he necesitado y por supuesto, una tutora en el que me ha ayudado a ver que la vida da más vueltas de lo que pensaba, que todos no son iguales y que tengo que celebrar cada alegría.

Como bien he dicho, han pasado muchos años y lo que antes deseaba, ya no lo deseo…
Los pensamientos que tenía antes hacia todos ellos eran de venganza. Deseaba con todas mis fuerzas que el futuro les fuera mal, que la oscuridad callera encima de sus cabezas y que sufrieran igual o más de lo que me hizo sufrir a mí.
Iban pasando los años y a veces me enfadaba porque veía que alguna de las vidas de aquellas personas les iba bien, eran felices y estaban teniendo una buena vida…
Ahora, después de ver la película pienso en aquellas personas o más bien, pienso en los hijos de algunos de aquellas personas.
Sé que algunos tienen pareja, otros han formado una familia y ya tienen hijos y otros están en camino…
Yo no sé si en algún momento de sus vidas han sido conscientes del sufrimiento que me causaron en sus años. Tampoco creo que sea el momento de decir:
 “¡Hola! ¿Te acuerdas de mí? Pues que sepas que me hiciste sufrir durante muchos años” 

¿De qué serviría?

Yo solo espero que todos aquellos que ya tienen hijas o hijos, o que los tienen en camino, no sufran nunca lo que me hicieron sufrir su madre o su padre a mí. Que puedan tener una vida normal sin que haya nadie detrás arruinándoles la vida, haciendo que se sientan tan miserables que se tengan que plantear si merece la pena vivir.
Y en el hipotético caso que pase eso, que hay alguien destrozándoles las vidas como me la destrozaron a mí, que haya alguien que valiente en abrir la boca y decir basta. Que las personas adultas que tienen que proteger, protejan de verdad, que no miren a otro lado y pisen más aun al inocente.
Porque ayer me tocó a mí, pero mañana le puede tocar a cualquiera y puede ser alguno de sus hijas o hijos…


by Kinki Pulguita

3 de marzo de 2017

365 días y empezamos de nuevo







“Cuando quiero llorar, no lloro y a veces, lloro sin querer.”
(Rubén Darío)


Hace tiempo que no escribo en esta fecha señalada. Pero hoy supongo que lo necesito.
Como digo siempre, se cierra un libro para empezar otro nuevo.

De nuevo la noria ha girado, 365 días han pasado y vuelvo a empezar un libro nuevo.
Cerramos un libro donde muchas cosas han pasado. Cosas buenas, cosas malas, días buenos, días malos, días no tan malos…
En este nuevo libro puedo recalcar algo bueno nada más empezarlo.
Con el inicio de un nuevo curso, he encontrado a gente maravillosa que me respeta como persona y no se deja influenciar por el qué dirán o por lo que aparento. Me topado con docentes maravillosos, que han consciente o inconscientemente han conseguido que perdiera el miedo a confiar en los docentes que este año tengo. Y más allá de los docentes en general, está una maravillosa tutora que respeta y se hace respetar y sobre todo, te trata como persona y ser humano que eres.
Gracias, gracias por enseñarme que no todos son iguales.

Pero no voy a mentir, este libro como todos los anteriores, empieza con lágrimas. Lágrimas que quizás inconscientemente he ido guardando y aguantando por algún motivo y que hoy una pequeña chispa ha hecho que explote y rompa a llorar.
Dormirse llorando y que mis sueños reflejen lo que realmente necesito.
Hoy supongo que necesitaba que me abrasen y me permitiesen llorar todo lo que necesitaba llorar. Pero sin embargo me despertado sola, en una oscura salita acurrucada en el sillón abrazando a la nada.

Hoy no quería llorar, pero como bien dice Rubén Darío, hoy lloro sin querer…


“Feliz” cumpleaños Pulguita.


by Kinki Pulguita

16 de febrero de 2017

Sonrisas











“Una sonrisa significa mucho. Enriquece a quien la recibe; sin empobrecer a quien la ofrece. Dura un segundo pero su recuerdo, a veces, nunca se borra.”

(Anonimo)



Como bien decía ayer, a veces puedes estar arriba y otras veces puedes estar abajo.

Hoy me sentido abajo, muy abajo.
Tan abajo que sentido la necesidad de permitirme desplomarme en el suelo y quedar tendida en un charco de lágrimas.
Cuando necesitas hablar pero no sabes con quién puedes hablar, pero a la vez sientes esa ambivalencia de querer pero no querer.
No sé si es el agobio, el cansancio, la falta de sueño o las necesidades que tengo o bien una  suma de todo. Me han hecho ver que no siempre tengo que colgar mi armadura, que en ocasiones siempre viene bien tenerla. Puede ser que no tu mejor armadura, pero si una que te proteja lo suficiente.

Hoy he sentido como mi alma se desquebrajaba y caía en mil y un pedazos. Pero al bajar la mirada al suelo, he encontrado la silueta de mi sombra. Totalmente inmóvil he fijado la mirada  en mi sombra. Una sombra que reflejaba un cuerpo entero, en pie, con todos sus miembros en su sitio. Mi cuerpo permanecía intacto.

Con el alma hecha pedazos he continuado mi camino dejando caer unas lágrimas por el camino. Mis ojos se desbordaron, no podían contener ya más lágrimas.
No pueden verme así, no quiero que me vean así y me detengo a secar mis lágrimas.

Uno….dos…. respira…traga saliva…inspira aire y aguanta…

Estoy tan ciega que no reparo a mirar que me detenido en un parque infantil donde un nene de color vestido de raperillo con su gorra de lado al estilo Will Smith en la serie “Príncipe de Bel Air” juega ajeno a las preocupaciones, al peligro que existe en el mundo…

Me quedo mirando fijamente como desborda alegría, naturalidad, inocencia, picardía…
Y en ese momento, levanta la cabeza desconectándolo de su mundo de fantasía y me responde con una amplia sonrisa. Es tan tierno, tan dulce, que por muy mal que me sienta es inevitable responderle con una sonrisa.

Una mujer le acompaña, su madre supongo y se me queda mirando fijamente con una sonría en la boca que me transmite una serenidad. Siento que su  sonrisa me dice “todo irá bien”. 

Continúa mirando como miro con ternura al pequeño raperillo experimentar en el parque intentando subir a un pequeño balancín.
Bajo la miranda con una media sonrisa, vuelvo la mirada y siento como mi yo interior se aproxima a recoger los trozos de mi alma desquebrajada.
Siento que no es el momento, que ahora mismo no puedo ponerme a reconstruir mi alma, así que guardo los trozos dentro de mí para que cuando sea el momento, empezar a ir pegando las piezas de mi alma para volver a construirla.


by Kinki Pulguita

14 de febrero de 2017

Progresos







“Nadie puede usar la palabra progreso si no tiene un credo definido y un férreo código moral… Porque la misma palabra "progreso" indica una dirección; y en el mismo momento en que, por poco que sea, dudamos respecto a la dirección, pasamos a dudar en el mismo grado del progreso.”


(Gilbert Keith Chesterton)


Posiblemente no es el mejor momento para escribir, o tal vez sí, no lo sé.

Ahora mismo lo único que siento es que necesito una pequeña pausa de tanto trabajo y estudio. Pero solo una pequeña pausa, ya que mañana hay que continuar con la rutina y es día de examen.

Utilizo esta pausa para pensar un poco en el progreso, en mi progreso desde que empecé el curso. Un progreso que como bien dice mi terapeuta, hay días que subo un escalón, me quedo en ese escalón, luego subo dos escalones de golpe, para después bajar uno y cuando menos me lo espero de repente, bajo cuatro escalones. Luego vuelvo a subir uno y me mantengo...

Y así sucesivamente

Me dado cuenta que esto no se aplica solo en mi tratamiento. También existe en el progreso educativo y en el progreso de la vida.

Es curioso como desde que empecé el curso hasta ahora, mi progreso educativo y mi progreso de la vida han ido cogidos de la mano.
Es posible que mis calificaciones no estés siendo como yo esperaba. Pero también es verdad que tanto a nivel académico como a nivel personal, tiendo a ponerme metas tan altas, que no me doy cuenta que me perjudico a mi misma.
Siempre quiero más, necesito más. Porque quiero y necesito destacar. Lo más triste de todo es que puedo estar destacando en otras cosas, otras cualidades que no veo que están ahí y cuando alguien me felicita por ello, tiendo a restarle importancia.

Empecé el curso con mucho miedo. Miedo al profesorado, a los compañeros y compañeras, a un nuevo ambiente, a continuar siendo la enferma, la chica problemática…

Pero la vida me ha dado una gran lección: no todo tiene que ser igual.

No es ningún secreto que me sentido maltratada por muchos de los docentes que he tenido, ni tampoco lo es el ataque continuo de compañeros y compañeras. Ataque que deseaba que en algún momento fuese físico, porque el dolor físico desaparece de la noche a la mañana.

Levantarte cada mañana y vestirte con tu mejor coraza, mentalizarte una y otra vez que has de estar preparada para atacar ante cualquier ataque, que no puedes bajar la guardia, porque cuando menos te lo esperes la piedra ya te ha llegado y cuando te quieres dar cuenta, vuelves a estar herida.

Como bien he dicho, no todo tiene que ser igual.

Me encontrado con docentes magníficos, docentes que me tratan como lo que soy, una persona humana. La mayor sorpresa ha sido la aceptación del grupo de clase, el respeto, la humildad.
Es la primera vez que encuentro unos compañeros y compañeras que no ven la problemática que otros veían en mí, no ven una discapacidad en mí, no ven una diana en la frente y en la espalda a la que lanzar dardos puntiagudos y piedras…
Antes de cualquier cosa, ven una persona. O al menos, eso es lo que parece.

Ahora siento más seguridad en mí, ya no necesito ponerme mi mejor coraza cada mañana, ya no necesito atacar cuando me siento atacada o al menos, no siempre.
Quiero e intento disfrutar de lo que estoy estudiando, disfrutar de personas magníficas que he llegado a conocer y ellas conocerme a mí.
Y a pesar de los agobios, de la angustia de ese momento de caos, de las crisis de ansiedad, quiero y necesito continuar dando pasitos hacia adelante en mi progreso educativo y en mi progreso en la vida.

No quiero olvidarme de los logros que he conseguido en mi largo tratamiento.
Si luchas por la vida se puede vivir, se puede salir de una larga enfermedad.
Sé que habrá días malos, menos malos y muy malos. Pero empiezo a aprender que siempre siempre siempre, prevalecen los días buenos y sobre todo, los días muy buenos.
Y una vez más, me despido recordándome mi frase:


Seque viam lucis.


By Kinki Pulguita




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